






“Salvador refleja con máximo rigor la enigmática serenidad del rostro de Valle-Inclán; recoge su perdida mirada de entre bohemias y silenciosos caminos de inquieta intelectualidad. Realiza un trabajo minucioso en el desarrollo de pliegues. Para el estudio de la barba establece un planteamiento arquitectónico, concibe cada mechón como si de una columna clásica se tratase. Estas barbas “miguelangelescas” divinizan una obra tan humana y solemne con la más terrible y sincera realidad. El escultor potencia la naturalidad del claroscuro en el conjunto de su obra.“
Antonio Pascual