



















Un mismo espíritu en dos localizaciones distintas. Cervantes nació entre las manos de Salvador Amaya con la vocación de exaltar la figura del soldado poeta del siglo de oro. Un hombre de su tiempo tan diestro con la pluma como con la espada, que recaló en la Villa de Navalcarnero, allá por 2006, como recuerdo de la excelencia creativa y la preeminencia del honor que han sentado las bases de la nación que hoy somos. Años después, el mismo semblante de Cervantes vuelve a su Alcalá de Henares natal, como propuesta iconográfica serena del Príncipe de los Ingenios.
Se trata de una obra en la que el artista vuelve a enfrentarse a la realización de un monumento en el que desplegar un conocimiento exhaustivo de los ropajes y de la época. No se trata de un virtuosismo huero, sino de la búsqueda del mayor realismo posible. Amaya nos traslada al siglo XVI ante la visión de esta obra. Pero hay mucho más en esta escultura. Salvador Amaya realiza un estudio psicológico del personaje centrándose en su rostro, del que sobresale su serena mirada; su virtuosismo está al servicio del personaje. Y es que Amaya toma el camino difícil del escultor realista. Agradecido por el público en general y rechazado por algunos críticos, la escultura realista se encuentra en desventaja frente a la abstracción. El artista "moderno" se encuentra con la ventaja de poder liberarse de la realización directa de la obra, lo que le permite concentrarse en la "idea" y dejar para manos más técnicas la terminación de la obra. Sin embargo, los escultores en bronce, que hunden sus manos en el barro, rehusando artificios y enfrentándose a la obra en el tamaño definitivo, se encuentran limitados en su producción. Cada obra es única, fruto de un estudio de la obra, de la personalidad del retratado y del trabajo directo con la materia. Salvador Amaya es uno de esos artistas que trabaja sin tregua, hasta la extenuación, que da "vida" al frío barro, atento siempre al detalle, a la fidelidad, buscando (y encontrando) el lado humano en los personajes que retrata, la belleza en sus desnudos, el brutal instinto en sus guerreros, la serenidad en la vejez, lo divino en un peregrino. La honestidad con la que se enfrenta a su tarea artística le eleva sobre cualquier consideración y disputa entre abstracción o realismo: él es un artista.
Un mismo espíritu en dos localizaciones distintas. Cervantes nació entre las manos de Salvador Amaya con la vocación de exaltar la figura del soldado poeta del siglo de oro. Un hombre de su tiempo tan diestro con la pluma como con la espada, que recaló en la Villa de Navalcarnero, allá por 2006, como recuerdo de la excelencia creativa y la preeminencia del honor que han sentado las bases de la nación que hoy somos. Años después, el mismo semblante de Cervantes vuelve a su Alcalá de Henares natal, como propuesta iconográfica serena del Príncipe de los Ingenios.
https://www.youtube.com/watch?v=aJgH8jVnVM0
https://www.dream-alcala.com/una-nueva-estatua-de-cervantes-para-alcala-de-henares/