



















La retratística de la Familia Real a través de las manos de Salvador Amaya tiene una trayectoria amplia y dilatada en el tiempo. De hecho, el primer encargo institucional que recibió Amaya fue un busto de S. M. el Rey Juan Carlos I para la Academia Básica del Aire en León. Inaugurado por el propio don Juan Carlos, Amaya hizo honor a los retratos reales que, décadas atrás, había realizado su padre, el también escultor Marino Amaya. Esta simbiosis familiar ha continuado a lo largo de los años; si bien Marino Amaya modeló a don Felipe siendo apenas un pequeño infante, Salvador ha sido en encargado de retratarle ya de Rey. El círculo formado por Jefes de Estado, artistas e imagen institucional se ha cerrado en torno a dos familias cuyos lazos se han estrechado en torno al arte y a la dignificación.